MUCHO CUIDADO TU ! CATOLICO PRACTICANTE.! QUE LEAS ESTE ARTICULO NO TE ENGAÑE ESTE PERSONAJE NO ES CATOLICO ES UN PROTESTANTE DE LA IGLESIA CATOLICA UN HEREJE:
Cualquier persona que viaje por España sabrá que Andalucía es la región más pintoresca de ese país, y que, como dice la bella canción, Sevilla tiene un duende. Pero, por supuesto, parte de ese duende es el atraso cultural.
No debería sorprender, entonces, que una población a menos de 50 kilómetros de Sevilla, el Palmar de Troya, sea la sede de uno de los movimientos religiosos más fanatizados y retrógrados que haya conocido el catolicismo: la Iglesia Católica Palmariana.
El Concilio Vaticano II tuvo sus enemigos: tradicionalistas que reprochaban la apertura al diálogo ecuménico y el abandono de la liturgia antigua. Algunos, como el padre Lefebvre, manifestaron su desdén, pero trataron de mantenerse fieles a Roma. Otros fueron más lejos, y rompieron definitivamente con el Vaticano. La Iglesia Católica Palmariana es uno de esos grupos.
La historia de este grupo religioso empieza en el año 1968, cuando cuatro niñas alegaron tener visiones de la Virgen María en el Palmar de Troya. Esto es ya muy común en el catolicismo. A diferencia de las visionarias de Lourdes o Fátima, estas muchachas pronto perdieron prominencia, pero no por ello su movimiento se disipó. En cambio, otros personajes aprovecharon la coyuntura de excitación religiosa, y eventualmente lanzaron su propio movimiento religioso.
Por aquella época, el arzobispo vietnamita Ngo Din Thuc (hermano del dictador vietnamita apoyado por los EE.UU., quien reprimió duramente a los budistas para favorecer a los católicos en su país) se convenció de que aquellas apariciones eran reales, y sin aprobación del Vaticano, decidió ordenar como sacerdotes a Clemente Domínguez y Manuel Alonso, dos miembros de la comunidad palmariana.
Thuc eventualmente se desvinculó de Domínguez y Alonso, en un intento por congraciarse con Roma. Pero, ya el movimiento estaba en marcha. Cuando murió Pablo VI, Domínguez alegó recibir una visita de Cristo, se se declaró Papa bajo el nombre de Gregorio XVII, y Alonso empezó a organizar a la comunidad como un papado alternativo. Alonso hizo su labor con bastante destreza, pues logró recaudar muchísimos fondos, al punto de que los palmarianos pudieron construir una inmensa catedral, y expandir su actividad misionera por varios países.
Los palmarianos empezaron a promover una versión brutal del catolicismo: el propio Gregorio XVII tenía estigmas terroríficos y los sacerdotes se producían heridas gravísimas con mutilaciones genitales. Naturalmente, cerrados al progreso, celebraban la misa tridentina en latín. Se impregnaron de la paranoia anti-comunista que siempre tuvo el catolicismo español, llevándola a extremos insospechados. Canonizaron a San Francisco Franco, San Benito Mussolini, San Don Pelayo, y otros personajes tan queridos por los fachas. Excomulgaron a los Papas romanos posteriores a Pablo VI (eran devotos de este Papa, pero alegaban que había sido secuestrado y drogado por cardenales comunistas, y eso explica por qué a veces decía cosas no acordes al tradicionalismo), así como a todos los comunistas del mundo.
Naturalmente, esta secta genera repulsión en mucha gente. Yo, en cambio, le tengo alguna simpatía. Mi simpatía no está dirigida, por supuesto, hacia sus prácticas y creencias retrógradas. Los palmarianos me resultan simpáticos, sólo porque veo en ellos una parodia de la propia Iglesia Católica Romana, y esto nos permite descubrir mejor la propia corrupción del catolicismo.
La Iglesia Católica Romana desaprueba a los palmarianos, y los considera una secta. Pero, como bien nos recuerdan lo sociólogos de la religión, más allá del peso demográfico, no existe un criterio objetivo por el cual se pueda distinguir a una secta de una religión. La Iglesia de Roma ve como psicopatología las automutilaciones y las estigmas de los palmarianos, pero, ¿cuándo esperaremos del Vaticano un pronunciamiento sobre la psicopatología de Francisco de Asís, un hombre que además de producirse estigmas, alegaba también hablar con los animales?
La Iglesia Católica Romana reprocha a los palmarianos creer que José fue ascendido al cielo en cuerpo y alma. Pero, ¿es acaso menos absurda que la creencia de que María fue también ascendida en cuerpo y alma? (valga agregar, al menos la creencia de los palmarianos sobre José no fue impuesta de forma totalitaria por vía de la infalibilidad papal, a diferencia de la creencia en la asunción de María).
Nos da asco que los palmarianos canonicen a Franco, Mussolini y Hitler. Pero, ¿no debería darnos asco también que Juan Pablo II, en una movida claramente politizada, elevara a Pío XII (un cómplice de los nazis con su silencio) a beato?
Sospechamos que Domínguez (un simplón de pueblo que nunca tuvo la suficiente capacidad para ser sacerdote) fue el tonto útil de Alonso, un hábil empresario que vio en aquellas devociones marianas la oportunidad para hacer negociazos. No creo que la propia Iglesia Católica Romana haya tenido esos mismos orígenes mercantilistas. Pero, así como reprochamos a los palmarianos el ser una fachada para el lavado de dinero y la evasión fiscal de sus donantes, ¿qué esperamos para reprochar duramente al arzobispo Marcinkus y su fiasco del Banco Vaticano, que también ha servido para que los mafiosos del mundo laven su dinero?
La Iglesia Católica Palmariana, lo mismo que lo cultos ufológicos, los moonies, y tantos otros, son sencillamente manifestaciones de aquello que ha venido a llamarse “nuevos movimientos religiosos”. Toda nueva religión, en sus inicios, enfrenta la oposición de las antiguas religiones. Toda religión fue, en sus inicios, una secta. Parte de esa oposición consiste en pretender patologizar las creencias y prácticas raras. Quizás, como en el caso de los palmarianos, efectivamente muchas de sus prácticas y creencias son patológicas. ( ¿Por qué esa persistente tendencia en crear tantas religiones, cultos y denominaciones distintas en cuanto a una cuestión tan universal como Dios?) Pero, deberíamos reconocer que esas mismas patologías están también en las grandes religiones del mundo. Por ello, deberíamos ser más consistentes, y apreciar que, básicamente, la única diferencia entre la patología palmariana, y la patología del catolicismo romano, es que la primera aqueja a poco más de mil personas, mientras que la segunda aqueja a poco más de mil millones de personas.
lunes, 13 de agosto de 2018
La patología religiosa
¿Por qué esa persistente tendencia en crear tantas religiones, cultos y denominaciones distintas en cuanto a una cuestión tan universal como Dios?
La percepción de un Dios, Creador, Causa, Inteligencia, Energía o Consciencia Cósmica, divinidad, o de algo que existe más allá de nuestra capacidad de comprensión es no solamente normal y común en el ser humano, sino parte de nuestra espiritualidad y muestra de la enorme potencialidad de nuestra mente y consciencia en la búsqueda por comprender tanto el universo como nuestra existencia. Como la misma raíz etimológica latina “religare” lo dice, el propósito inicial de la religión es de comunicar, conectar, religar con Dios. Pero tengamos presente que una cosa es Dios o esa Consciencia Cósmica, y otra la religión; hagamos la aclaración que, como organización y estructura social, la religión no es una creación de Dios, sino del hombre.
La patología o enfermedad de la religión consiste en la particular pretensión de muchas de ellas de ser la verdadera, superior o la correcta, mientras que las demás son consideradas como falsas, inválidas, mitos o simples creencias absurdas. Entre las numerosas religiones y sectas que proliferan en el mundo, son muchas las que presumen esa posición, y si bien no de manera pública y abierta, sí por nutridos adherentes, implícito en su contenido, doctrina, o sencillamente por extensión lógica. Y, junto con su proselitismo, normas, burocracia e ideología particular, no se diferencian mucho de lo que es un partido político. Sin embargo, es una incongruencia pensar que un ente tan perfecto de una magnitud como un Dios Todopoderoso Creador del universo entero, ilimitadamente bondadoso y amante de su creación, ese Dios de muchas religiones, haya decidido crear tantas sectas y religiones a lo largo del planeta, que como resultado no han hecho otra cosa que, irónicamente, dividir la humanidad. Precisamente, cada quien jala el agua para el propio molino. Aunque tiene muchos nombres, Dios es el mismo y uno solo.
El fanatismo, la intolerancia, el absolutismo ideológico, el afán por la supremacía y el extremismo son características frecuentemente compartidas por movimientos políticos y religiosos, son cualidades distintivamente humanas que dividen y fragmentan en vez de unificar y armonizar. No se está abogando por la consolidación de las religiones en una sola, aunque ello sería una pretensión noble y manera de unificar la humanidad; sino de resaltar el hecho de que las religiones son fundamentalmente una proyección de esa falibilidad, imperfecciones y limitaciones que caracterizan al ser humano. En contraste, cuando esa búsqueda y comunicación viene hecha de manera introspectiva, espiritual y sin buscarlo fuera de uno mismo, nos podemos dar cuenta entonces de la imposibilidad y futilidad en tratar de convencer a los demás sobre Su esencia; y que la verdadera religión, es decir la comunicación con Dios, es esencialmente una experiencia totalmente individual, personal y única. Las religiones son muchas; pero la espiritualidad es una sola.
¿Será esa persistente propensión antropomórfica de querer asignarle sus falaces atributos a la divinidad la razón, o una de las razones, que explica la existencia de tanta división en la humanidad?
“Dios no tiene religión”
Mahatma Gandhi (1869-1948) Político y pensador indio.
SANACION INTERIOR
Señor, sé que Tú me amas y me bendices, todos los días te alabo, te bendigo, te doy gracias porque eres grande y maravilloso, bendito seas.
En este momento quiero entregarte, darte, donarte todos mis problemas porque sé que Tú me puedes ayudar, porque sé que Tú me puedes dar la paz que necesito.
Buen Jesús, en los momentos de oscuridad ilumina mi vida, sé el sol que se asoma por mi ventana, permíteme saber hacia dónde caminar.
Te pido, amado mío, que en los momentos de tristeza me des alegría. Me entrego a Ti y te suplico que actúes en mi corazón.
Tú sabes que necesito de Ti, de tu protección, de tu fortaleza. Sin Ti no soy capaz de vencer, sin Ti los problemas me vencen pero contigo todo lo puedo.
Te digo Señor que Tú eres un Dios bueno, alabado y glorificado seas.
Tú conoces mis debilidades y angustias en este momento, te pido que me llenes de tu bendición.
Sé que Tú, en este momento estás pasando por aquí, Tú estás llenando de paz y serenidad a todos los que en este momento rezan esta oración, gloria a tu nombre bendito por siempre.
Ven Señor a tocar mi corazón que te necesita por diferentes situaciones, hoy te necesito más que nunca en mi vida.
Ven Señor en mi ayuda, ven en mi auxilio, clamo a Ti, clamo por tu protección, clamo por tu fortaleza, clamo por tu perdón.
Entra a mi corazón y renuévame, quita de mí las indecisiones, la tristeza, la melancolía, todo sentimiento de fracaso, de depresión, fobias, miedos, temores…
Toma Señor mi dolor, bendito seas Jesús.
Mueve tu mano sanadora en mí, mueve Señor, tu mano poderosa para sentirme fortalecido. Que pueda yo creer en Ti.
A pesar de que mi vida sentimental esté pasando por momentos duros, mira la crisis de: (mi matrimonio, mi trabajo, mi hogar, mis familiares) Las cosas no salen como las espero, Señor mío.
Confío en Ti, confío en tu amor, sé que sólo Tú me puedes dar lo que nadie me puede dar.
Tú eres el amigo que nunca falla. Señor, transfórmame con tu poder y tu misericordia. Bendito seas Jesús, bendito sea tu Santo Nombre.
Hoy, quiero entregarte Señor, todo mi tiempo, mis emociones, mis sentimientos, mis pertenencias, mis bienes materiales, mi vida, mi enfermedad.
Te entrego, Señor mío, todo, absolutamente todo lo que tengo y todo lo que soy.
Santo, Santo, Santo eres Señor, Dios del Cielo y de la tierra, digno de adoración.
Bendito y alabado seas, Santo eres Tú. Gloria a Ti, Gloria y alabanza por siempre.
Quiero unirme a los coros celestiales, a todos los coros angelicales y glorificarte con todos ellos.
Te quiero bendecir por toda la eternidad con mi testimonio de vida. Tuyo soy Señor, tuyo soy.
Sé que tu amor se derrama en mi vida en estos momentos y estás tocando lo profundo de mi corazón, sanando toda herida, toda frustración, todo dolor.
Vienes a mi vida a darme consuelo y fortalecerme con tu compañía.
Ven y quédate Jesús, quédate.
Amén.
La oración que transforma matrimonios:
Estimada Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, gracias por el profundo don del sacramento del matrimonio. Gracias por el magnífico regalo que es mi esposo(a), a quién Tú, perfecta providencia, planeó para mí desde toda la eternidad.
Permite que siempre lo (la) trate como realeza, con todo el honor, respeto y dignidad que merece.
Ayúdame, Señor mío, a ser desinteresado en mi matrimonio, para darlo todo por mi esposo(a), son ocultar nada, sin esperar nada a cambio, reconociendo y agradeciendo todo lo que él (ella) hace por mí y nuestra familia todos los días, ¡Es mucho!
Por favor, fortalece y protege nuestro matrimonio, así como todos los demás. Ayúdanos a orar juntos todos los días. Permítenos confiar en Ti todos los días, de la forma que mereces.
Por favor haz que nuestro matrimonio sea fructífero y abierto a Tu voluntad en el privilegio de la procreación y el cuidado de la vida. Ayúdanos a construir una familia fuerte, segura, amorosa, llena de fe, una Iglesia doméstica.
Estimada Santísima Virgen María, confiamos a ti nuestro matrimonio, ampara a nuestra familia siempre bajo tu manto.
Tenemos plena confianza en Ti Señor Jesús, porque siempre estás con nosotros, y buscas constantemente lo mejor para nosotros, trayendo todo lo bueno, incluso las cruces que has permitido en nuestras vidas.
Querido (nombre del cónyuge): Tú y yo somos uno. Te prometo que siempre te amaré y seré fiel a ti, nunca te abandonaré, daría mi vida por ti. Con Dios y contigo en mi vida lo tengo todo.
Gracias Jesús, Tú eres el gran servidor. Te amamos.
Amén
El mundo en sí mismo, necesita los testimonios de matrimonios fuertes y hermosos, está desesperado por esa luz.
Debemos crear una cultura que estime el matrimonio y la familia, estas palabras deben ser dichas con reverencia: El matrimonio y la familia, son sacramentos sagrados del Amor inestimable de Dios para el mundo.
"Así pues lo que Dios ha unido, que no lo separe en hombre". (Marcos 10,9-10)
Nunca permita que ninguna persona o alguna otra cosa inferior a ustedes, los separe a usted y a su cónyuge.
Dios es uno contigo, Dios es amor, el matrimonio es amor, y el amor perdura sobre lo que sea que venga, no llegará a su fin. [Leer 1 Corintios 13,7-8]
Seamos agradecidos con Dios por el don de nuestra pareja, estamos llamados a ser uno con ellos en el tiempo y la eternidad.
El Señor les bendiga y los haga un matrimonio santo en el amor,
El verdadero enemigo
El verdadero enemigo
! Es imposible ser amigo de su enemigo cuando su mente es su propio enemigo.!
Los cristianos solemos hablar del enemigo, y hasta pedimos en nuestras oraciones que Dios nos libre de él. Pero, ¿Quién es este enemigo? ¿Es un enemigo físico, es quien nos hace daño? No, ni es físico ni es tampoco humano. El verdadero enemigo es la tentación, nuestras propias tentaciones cotidianas.
Los cristianos solemos hablar del enemigo, y hasta pedimos en nuestras oraciones que Dios nos libre de él. Pero, ¿Quién es este enemigo? ¿Es un enemigo físico, es quien nos hace daño? No, ni es físico ni es tampoco humano. El verdadero enemigo es la tentación, nuestras propias tentaciones cotidianas.
Pero sepamos algo en forma clara: todas las personas tenemos dentro una tendencia natural hacia el bien, un sentido de felicidad interior y plenitud que aparece cuando obramos con justicia y caridad. Sin embargo, nuestra naturaleza humana imperfecta, herencia de la caída de los primeros padres, Adán y Eva, nos inocula también una desviación permanente hacia el mal, en forma de tentación. Esta actúa como agua que orada y orada nuestro interior. Cuando caemos y hacemos el mal, aparece lo que muchos llaman la conciencia, que es en realidad nuestro natural sentido del bien, y nos genera una culpa que marca claramente que algo no está bien. Todos tenemos conciencia, hasta el peor asesino o criminal.
Justo injusto Esta batalla interior que libramos a diario, y que sólo termina con la muerte, es la que produce la luz o la oscuridad en nuestra alma. Cuando ganamos esas luchas diarias contra la tentación y nos abstenemos de caer, vamos dando luz a nuestro interior. Y cuando caemos sin siquiera luchar, o lo que es peor, sin siquiera reconocer que debemos luchar, vamos oscureciendo nuestra alma más y más. El riesgo es dañarla tanto que llegado un punto esté como muerta, mas allá de que sigamos vivos en nuestros cuerpos. Una conversión es, sin dudarlo, una resurrección del alma, vistas las cosas de este modo.
La lucha interior contra el verdadero enemigo, nuestra propia tentación, debe ser el principal campo de batalla del esfuerzo cotidiano en defensa del bien. Cuando los cristianos nos confundimos y creemos que el enemigo es nuestro hermano que no está en el camino de la fe, o no practica la religión, o nos hace daño, caemos en un tremendo error que oscurece nuestra alma. Caemos en un pecado de falta de caridad.
Muchas veces somos ofendidos, insultados, perseguidos, menospreciados, humillados, lastimados. En nuestro interior crece un sentimiento de indignación y un deseo de contestar, replicar, mostrar nuestro sentimiento encarnecido. ¿Cuál es el verdadero enemigo allí? ¿La persona que nos hiere? El enemigo es nuestra ira, nuestro resentimiento. Sin dudas que la tentación actúa dentro de nosotros para que reaccionemos, empujándonos a caer en el mismo pecado que quien nos hiere, o a veces en uno peor, porque la formación o educación del otro puede ser muy inferior a la nuestra. Por la parábola de los talentos sabemos que Dios puede ver como menos grave el pecado de quien nos agrede, que el nuestro, ya que fuimos educados en la caridad y misericordia hacia el prójimo. En cualquier caso, sólo Dios ve en los corazones para poder juzgar con justicia.
Callar, tolerar, comprender, no replicar, son caminos fundamentales para no caer en las garras del enemigo interior, la tentación. Temer a uno mismo es una clave de crecimiento espiritual. Cuidemos de no caer en la tentación de la ira y el odio, el rencor y la venganza, Dios hará el resto.
¿A quien temo más?. ¿Quién más que uno mismo es responsable del cuidado de la propia alma?. Siendo así, debemos temer a nosotros mismos, a nuestros impulsos y reacciones, antes que a nuestro prójimo. Con amor curamos todas las heridas, las de nuestros hermanos, pero las nuestras también.
sábado, 9 de junio de 2018
QUIENES SOMOS PARA CONDENAR-
NOSOTROS QUE NOS DECIMOS CATOLICOS, QUIENES SOMOS PARA JUZGAR: QUIEN ERES TU PARA JUZGAR. QUIEN SOY YO Y TU PARA JUZGAR
Juzgar a los demás es un comportamiento propio de los que no son salvos, aquellos que verdaderamente nunca han tenido un encuentro verdadero con Dios ni mucho menos han tenido a Cristo como su Salvador espiritual. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5.17). En otras palabras, debe haber un cambio de corazón, arrepentimiento y de actitud para todo aquel que ha recibido a Cristo en su corazón. Cuando somos nuevas creaturas en Cristo, el Espíritu Santo nos hace sentir cuando estamos mal y luchamos para andar agradable a Dios. En otras palabras, no podemos darnos el lujo de volver a la vieja naturaleza de donde Dios nos sacó. La vieja naturaleza no debe reinar en nuestras vidas más. Juzgar a los demás no es una actitud apropiada de los auténticos creyentes que aman a Dios en espíritu y en verdad. Jesús mora en los corazones de Sus Hijos, por consiguiente, somos el templo del Espíritu Santo. En nuestro templo (corazón), no debe habitar intrigas, chismerías, contiendas, envidia, vanagloria, hipocresía ni nada que pueda contristar el Espíritu Santo que habita en nuestro corazón. Todas críticas negativas que se levanten en contra de tu prójimo, deben ser canceladas en la nueva naturaleza.
Mis preguntas son las siguientes: ¿Quién eres tú para juzgar? ¿Eres juez? “Dios es el Único juez. Él nos dio la Ley, y es el Único que puede decir si somos inocentes o culpables. Por eso no tenemos derecho de criticar a los demás” (Santiago 4.12 Traducción en lenguaje actual). Hay juicios para todo aquel que se dedica a juzgar al hermano, eso no lo digo yo, lo dice el Señor: “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido” (Mateo 7.1-2 Nueva Versión Internacional (NVI).
“Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el Tribunal de Cristo. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Romanos 14.10-12 ;Reina-Valera 1960 (RVR1960). En esta lectura bíblica de romanos, Dios no se dirige a las personas del mundo, Él se está dirigiendo a los “creyentes” y reprende a base de preguntas a los “cristianos” que se encuentran dentro de la iglesia criticando y llevando deserciones. Según el apóstol Pablo en romanos nos dice que todos vamos a estar presente en el Juicio Final y EL JUEZ por Excelencia, nuestro Padre Celestial, nos juzgará. En El LIBRO DE LA VIDA, Dios redacta TODO lo que hacemos, tanto bueno como malo, por tanto andemos en la luz de Cristo.
Los “creyentes” que se las pasan metiendo las narices en los asuntos de los demás, llevando y trayendo, de nada sirven para el Reino de Dios, porque en vez de llevar frutos traen oscuridad y división. Cristo es Luz, y Sus Hijos deben llevar luz de esperanzas y ánimo al cansado. “Pero si andamos en Luz, como Él está en Luz, tenemos comunión unos con otros, y la Sangre de Jesucristo Su Hijo nos limpia de todo pecado”. Si decimos que tenemos comunión con Él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad” (1 Juan 1:6). “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” (1 Juan 1.10). “Si confesamos nuestros pecados, Él es Fiel y Justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Todavía estás a tiempo para cambiar y andar en la Luz de Cristo. Dios es Luz, y no hay tinieblas en Él por tanto, andemos en Su Luz.
CITA BIBLICA JUAN.21.20-25 "20.Pedro se vuelve y ve siguiéndoles detrás, al discípulo a quién Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado en su pecho y le había dicho: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?» 21.Viéndole Pedro, dice a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?» 22.Jesús le respondió: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme.» 23.Corrió, pues, entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro: « No morirá», sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga.» 24.Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. 25.Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran." (lo que tu sepas,veas,te molesta te irrita,tienes algo perturbador sea en la politica,en el hogar,en los estudios,trabajo,etc,etc. QUE TE IMPORTA TU SIGUEME:
El se levantó y lo siguió. Jesús, que había oído, respondió: "No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos.
Los “creyentes” que se las pasan metiendo las narices en los asuntos de los demás, llevando y trayendo, de nada sirven para el Reino de Dios, porque en vez de llevar frutos traen oscuridad y división. Cristo es Luz, y Sus Hijos deben llevar luz de esperanzas y ánimo al cansado. “Pero si andamos en Luz, como Él está en Luz, tenemos comunión unos con otros, y la Sangre de Jesucristo Su Hijo nos limpia de todo pecado”. Si decimos que tenemos comunión con Él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad” (1 Juan 1:6). “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” (1 Juan 1.10). “Si confesamos nuestros pecados, Él es Fiel y Justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Todavía estás a tiempo para cambiar y andar en la Luz de Cristo. Dios es Luz, y no hay tinieblas en Él por tanto, andemos en Su Luz.
CITA BIBLICA JUAN.21.20-25 "20.Pedro se vuelve y ve siguiéndoles detrás, al discípulo a quién Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado en su pecho y le había dicho: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?» 21.Viéndole Pedro, dice a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?» 22.Jesús le respondió: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme.» 23.Corrió, pues, entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro: « No morirá», sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga.» 24.Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. 25.Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran." (lo que tu sepas,veas,te molesta te irrita,tienes algo perturbador sea en la politica,en el hogar,en los estudios,trabajo,etc,etc. QUE TE IMPORTA TU SIGUEME:
El se levantó y lo siguió. Jesús, que había oído, respondió: "No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos.
Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores".
http://w2.vatican.va/…/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum… La meta de la apologética cristiana es eliminar los obstáculos que se interponen entre una persona y la cruz de Cristo.
El término griego apología, del cual proviene la palabra apologética que nosotros usamos, se usa para describir una justificación, como se aplica en una defensa legal o argumentación. Apologética es la ciencia teológica que tiene como propósito la explicación y defensa de la religion cristiana; significa, en su sentido amplio, una forma de apología (defensa o alabanza de alguien) ( http://ec.aciprensa.com/wiki/Apolog%C3%A9tica ) Si tenemos que defender nuestra doctrina pero sin caer en el ! FANATISMO RELIGIOSO.!
como nos lo enseña la doctrina social de la iglesia.
Diversidad religiosa
La diversidad religiosa ha sido parte de mi biografía personal desde la infancia. Para mí el "hermano separado" nunca ha sido un enemigo ni sólo un extraño que llama a la puerta. Ha sido, más bien, alguien de la familia, un compañero de la escuela o del trabajo e, incluso, un amigo entrañable.
El término griego apología, del cual proviene la palabra apologética que nosotros usamos, se usa para describir una justificación, como se aplica en una defensa legal o argumentación. Apologética es la ciencia teológica que tiene como propósito la explicación y defensa de la religion cristiana; significa, en su sentido amplio, una forma de apología (defensa o alabanza de alguien) ( http://ec.aciprensa.com/wiki/Apolog%C3%A9tica ) Si tenemos que defender nuestra doctrina pero sin caer en el ! FANATISMO RELIGIOSO.!
como nos lo enseña la doctrina social de la iglesia.
Diversidad religiosa
La diversidad religiosa ha sido parte de mi biografía personal desde la infancia. Para mí el "hermano separado" nunca ha sido un enemigo ni sólo un extraño que llama a la puerta. Ha sido, más bien, alguien de la familia, un compañero de la escuela o del trabajo e, incluso, un amigo entrañable.
Sus nombres aparecen en alas del recuerdo: Silvia, Javier, Ángel, Lidia, Rosa Isela, Carlos… personas entrañables por quienes siento un afecto especial.
Creo que eso ha influido en mi acercamiento a la Apologética, que consiste en dar una respuesta a quien nos pide razón de lo que creemos y esperamos, haciéndolo con sencillez y respeto (cfr. 1Pedro 3, 15-16).http://es.catholic.net/…/a…/56990/cat/8/-la-apologetica.html
Para la defensa de la fe
La Apologética es una disciplina teológica practicada desde los albores de la Iglesia para la defensa de la fe. Esencialmente respondía a injustas acusaciones que le hacían a la Iglesia desde distintos ámbitos. Los Padres apostólicos la practicaron, aunque la cultivaron más explicitamente los Padres apologistas. Su época es especialmente interesante, porque estos hombres tuvieron que hacer frente a graves peligros, que amenazaban—cada uno a su modo—la existencia misma de la Iglesia.
Un doble peligro, de carácter externo, está representado por el rechazo del Evangelio por parte de los judíos y por las cruentas persecuciones de las autoridades civiles.
Frente a las falsas acusaciones de que eran objeto -ateísmo, ser enemigos del género humano, y otras de más baja ralea-, los cristianos responden con el ejemplo de su vida y la grandeza de su doctrina. Algunos de ellos, bien preparados intelectualmente, toman la pluma y escriben extensas apologías -a veces dirigidas a los mismos emperadores- con la finalidad de confutar esas acusaciones calumniosas. Brillan los nombres de San Justino, de Atenágoras, de Teófilo…, entre otros muchos.
Otro peligro -más insidioso, y mucho más grave- fue la aparición de herejías en el seno de la Iglesia. Se trata fundamentalmente de dos errores: el gnosticismo y el montanismo. Mientras el primero es partidario de un cristianismo adaptado al ambiente cultural-religioso del momento -y, por tanto, vaciado de su contenido estrictamente sobrenatural-, los montanistas predicaban la renuncia total al mundo. Uno y otro error organizaron una propaganda muy eficaz y amenazaron gravemente la fe y la existencia misma de la Iglesia fundada por Cristo. El montanismo ponía en peligro su misión y carácter universales; el gnosticismo atacaba su fundamento espiritual y su carácter religioso, y fue con mucho el más peligroso.
En estas circunstancias, el Espíritu Santo -que asiste invisiblemente a la Iglesia, según la promesa de Cristo, y le asegura perennidad en el tiempo y fidelidad en la fe- suscitó hombres de inteligencia privilegiada que, empuñando las armas de la razón, con un análisis cuidadoso de la Sagrada Escritura, hicieron frente a estos errores y mostraron el carácter "razonable" de la doctrina cristiana. Comenzaba de este modo el quehacer propiamente teológico, que tantos frutos daría en la vida de la Iglesia.
Entre estos Padres y escritores destaca San Ireneo de Lyon, que reúne en su persona las tradiciones de Oriente y Occidente; luego, en Oriente, Clemente Alejandrino, Orígenes, y San Gregorio el Taumaturgo; en la Iglesia de Roma, Minucio Félix y San Hipólito; finalmente, en torno a Cartago, en el norte de Africa, Tertuliano, San Cipriano y Lactancio.
Apologética: explicación de la fe
Ahora, los Obispos de América Latina y El Caribe nos invitan a realizar una apologética renovada:
Ahora, los Obispos de América Latina y El Caribe nos invitan a realizar una apologética renovada:
«Hoy se hace necesario rehabilitar la auténtica apologética que hacían los padres de la Iglesia como explicación de la fe. La apologética no tiene porqué ser negativa o meramente defensiva per se. Implica, más bien, la capacidad de decir lo que está en nuestras mentes y corazones de forma clara y convincente, como dice san Pablo “haciendo la verdad en la caridad” (Ef. 4, 15). Los discípulos y misioneros de Cristo de hoy necesitan, más que nunca, una apologética renovada para que todos puedan tener vida en Él» (Documento de Aparecida, 229)
LOS CONCILIOS
Los concilios
Concilio (del latín concilium) es una reunión o asamblea de autoridades religiosas (obispos y otros eclesiásticos) generalmente efectuada por la Iglesia Católica u Ortodoxa, para deliberar o decidir sobre las materias doctrinales y de disciplina.
Los más importantes son los llamados concilios ecuménicos. Un concilio ecuménico es una asamblea celebrada por la Iglesia Católica con carácter general a la que son convocados todos los obispos para reconocer la verdad en materia de doctrina o de práctica y proclamarla. Ecuménico, proviene del latín oecumenicum, traducción a su vez del griego οἰκουμένoν, que significa (mundo) habitado.
Concilio (del latín concilium) es una reunión o asamblea de autoridades religiosas (obispos y otros eclesiásticos) generalmente efectuada por la Iglesia Católica u Ortodoxa, para deliberar o decidir sobre las materias doctrinales y de disciplina.
Los más importantes son los llamados concilios ecuménicos. Un concilio ecuménico es una asamblea celebrada por la Iglesia Católica con carácter general a la que son convocados todos los obispos para reconocer la verdad en materia de doctrina o de práctica y proclamarla. Ecuménico, proviene del latín oecumenicum, traducción a su vez del griego οἰκουμένoν, que significa (mundo) habitado.
El más antiguo concilio fue convocado por San Pedro, en Jerusalén, hacia el año 50, y relevó a los paganos convertidos al cristianismo de las observancias judáicas. Los siguientes son numerados del I al XXI, y se dividen en dos grupos: griegos y latinos, según hayan tenido lugar en Oriente u Occidente. Los concilios griegos fueron convocados por los emperadores de la época, que los presidieron, generalmente. Los concilios latinos fueron convocados por los papas.
Los concilios de la Iglesia Católica Romana, deben ser convocados por el Papa y presididos por él o por un delegado suyo, y en él habrán de estar representados la mayoría de los obispos de las provincias eclesiásticas. Para la validez de sus acuerdos es precisa, como condición sine qua non, la sanción del Sumo Pontífice Romano.
Se consideran los más importantes de ellos:
Griegos
Nicea I
Nicea I
Del 20 de mayo al 25 de julio de 325, convocado por el emperador romano Constantino I, que estuvo presente, y presidido por el Obispo Osio de Córdoba, que actuó en representación del Papa. Formuló la primera parte del Símbolo de fe, conocido como el Credo Niceno, definiendo la divinidad del Hijo de Dios, y se fijaron las fechas para celebrar la Pascua.
Constantinopla I
Entre mayo y julio de 381, convocado por el emperador romano Teodosio I y presidido sucesivamente por el Patriarca de Alejandría Timoteo, el Patriarca de Antioquía Melecio, el Patriarca de Constantinopla Gregorio Nacianceno, y su sucesor el Patriarca de Constantinopla Nectario. El Papa Dámaso no mandó representación.
Formuló la segunda parte del Símbolo de Fe, conocido como el Credo Niceno Constantinopolitano, definiendo la divinidad del Espíritu Santo. Se condenó a los seguidores de Macedonio I de Constantinopla, por negar la divinidad del Espíritu Santo (Macedonianismo).
Calcedonia
Del 8 de octubre al 1 de noviembre de 451, convocado por el emperador romano de oriente Marciano, y presidido por el Patriarca de Constantinopla Anatolio. El Papa, mandó como su representante personal al Obispo Pascanio. Proclamó a Jesús Cristo como totalmente divino y totalmente humano, dos naturalezas en una persona.
Rechazó la doctrina del monofisismo, originándose la escición de las Iglesias que sí lo aceptan: las antiguas iglesias orientales, como la Iglesia Ortodoxa Copta, la Iglesia Apostólica Armenia, la Iglesia Ortodoxa Siríaca y la Iglesia Ortodoxa Malankara, de la India.
Latinos
Letrán I
Letrán I
Fue convocado por el Papa Calixto II en diciembre de 1122, inmediatamente después del Concordato de Worms que puso fin a la querella de las investiduras; aboliéndose el derecho, que reclamaban los príncipes, a investir dignidades y tener beneficios eclesiásticos. Finalizó en 1123.
Letrán IV
Fue convocado bajo la autoridad del papa Inocencio III en 1215, para condenar varias herejías: de los Albingenses, de los Valdenses, del Abad Joaquín de Fiori, y otras. Se elaboró un credo más extenso, contra los Albigenses.
Trento
Convocado por Pablo III (1545-1563) para tratar el tema de la escisión de la Iglesia por la reforma protestante. También se ocupó de muchos temas doctrinales, morales, y disciplinares. Se decretó sobre la Justificación, los Sacramentos, la Eucaristía, el Canon de la Sagradas Escrituras y otros temas, con variadas disposiciones disciplinares. Se condenaron los errores de Lutero y otros autodenominados reformadores. Fue el concilio más largo y en el que se promulgaron más decretos dogmáticos.
Vaticano II
Convocado por Juan XXIII (1962-1965) que presidió la primera etapa, hasta otoño de 1962; las tres sesiones siguientes fueron convocadas y presididas por Pablo VI, su sucesor. Fue un concilio pastoral, no dogmático.
Los XXI concilios ecuménicos son los reconocidos por la Iglesia Católica Apostólica Romana.
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